jueves, 8 de mayo de 2014

La Plaza del Diamante, Rodoreda, Algunos Personajes


QUIMET:


Colometa ve a Quimet por primera vez en el baile con las flores. “Tenía unos ojitos de mono y llevaba una camisa blanca con rayitas azules, arremangada sobre los codos y el votos del cuello desabrochado”. Tal y como aparece en ese baile, nervioso, de acá para allá, puro azogue, con determinación y persuasivo, así será su comportamiento durante el matrimonio. Severo, alocado, cambiante y brusco, hasta despiadado con sus hijos.

Quimet es inquieto por naturaleza, y su madre confiesa a Colometa que desde niño ya fue así. Nadia podía sujetarlo y su relación siempre fue difícil. El es impulsivo y no deja que Colometa  “se meta en sus asuntos de hombre” ni vaya siquiera a su taller de trabajo. Quimet tampoco goza de buena salud, aunque el lector acaba sospechando que hay mucho en sus quejas de “llamada de atención”. El decide todo, cuándo se hacen las cosas y cómo. Y va ahogando a Colometa poco a poco, reduciéndola a una mujer cada vez más triste.
Quimet quiere prosperar  y una vez más en un impulso loco, llena las casa de cría de palomas.
Colometa acaba por aborrecerlas porque mina su espacio y su casa. Y solo es más trabajo y desorden, y ella no puede más. Todos los amigos y la madre, parecen apoyar siempre a Quimet en todas sus decisiones, Colometa parece invisible.

Aunque los amigos no sean malas personas, y ayuden a su manera a los proyectos de Quimet para la cría de palomas. Tampoco sabemos quién contagia a quién, pero pronto se harán milicianos para el bando Rojo. Los tres amigos, Quimet, Cintet y Mateu siempre danzan juntos. Y los tres mueren en la guerra y Colometa se queda de nuevo sola en el mundo.
Quimet pasará a ser una sombra en la vida de Natalia, un peso enorme en sus experiencias, que la hará vivir en constante tensión…”Y si volviera de la guerra, y si no estuviera muerto”. Los años pasan para ella “encerrada en casa porque el corazón se le había hecho pequeño”. Y siempre Quimet en su cabeza, sin dejarla respirar. Como si siguiera vivo. Igual ejerciendo miedo como si estuviera vivo.
Al fin y al cabo la novela nos habla de maltrato en la mujer, de fantasmas que no se van a ninguna parte y siempre invaden los recuerdos. Las últimas páginas de “La Plaza del Diamante” son el espejo de esa liberación final, por una vez en la vida Colometa grita a pleno pulmón delante de su antigua casa, deshaciéndose de una vez por todas del oscuro peso de Quimet y del poder que él ostentó toda la vida sobre ella.




1 comentario:

  1. Has vuelto a Colometa ¿eh? Es verdad, hija, con el buen tiempo se ven por la calle más palomas que nunca. Que se lo digan a mi nieto. Ayer corría como un loco tras ellas. Abrazos.
    Tornasol.

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