miércoles, 26 de marzo de 2014

Mi Vida Querida, Munro

VOCES
MI VIDA QUERIDA (ALICE MUNRO)

La protagonista de este relato es una niña de unos once años o algo menos que vive a las afueras de un pueblo (ni campo ni pueblo) y cuya madre es una maestra de escuela que sin embargo se dedica a llevar adelante una granja y criar a sus hijos con estrecheces y con la que va a asistir a un baile de la localidad que se va a celebrar.
De nuevo, como es la tónica general de toda la obra de Mi Vida Querida, son los tiempos de la Segunda Guerra Mundial, y Canadá es un país más que ofrece su logística a ello, y que atraviesa por momentos de carencias a todos los niveles; sin embargo el baile trae “aires” nuevos al pueblo, algo de alegría y novedades.
Es con ese ímpetu que nuestra protagonista quiere ir al baile, a la par que ha comenzado a diferenciar las ideas y creencias de su madre de las suyas propias. Es una niña que ya no se peina como su madre le dice, y que ha comenzado a crear su propio mundo y sus propias impresiones. Si madre ya no es “Dios”.
El relato se desarrolla en primera persona y desde el presente, cuando ya es mayor. Aunque el espectro de descripciones es amplio y la voz se desliza por todas partes. Recorre el pueblo y cómo era su madre en aquella época, los vestidos, las costumbres, cómo era el lugar, y las preguntas que a día de hoy todavía le provocan curiosidad, como si la familia que ofrecía el espacio para el baile lo hacía  por pura diversión o por necesidad de sacar algo de dinero.
Otra vez, Munro nos asoma un tema universal desde un relato muy sencillo: El contraste del mundo, cómo lo ve un niño a diferencia de un adulto.
Madre e hija van de “punta en blanco” a la nave. Y ante la niña se abre un mundo de colores, olores, presencias misteriosas e imponentes (como la señora Hutchinson, prostituta  que acompaña a uno de los invitados del pueblo, comerciante) y de voces con acentos raros que la transportan a adivinar que hay toda una vida inmensa más allá del pueblo y de su madre.
Esa inmersión, la maravilla y la sorprende, y es ineludible sentir como lectores que la ruptura con su madre y sus ideas, se hará mayor en breve.

Ella se toma su tiempo para describir a la señora acompañante, su vestido escandaloso y su porte fornido y alegre. Lejos totalmente de cómo va vestida su madre, con cierto aire sofisticado y porte algo señorial.
No tardan en marcharse, de forma abrupta, apenas habiendo dejado el abrigo, su madre le ordenar volver a recogerlo porque la presencia de prostitutas la escandaliza.
Ella no tiene más remedio que obedecer, aunque en su silencio comprendamos como lectores que esa ruptura ya es inevitable: Donde la madre ve escándalo e indecencia, ella ve alegría y naturalidad, donde la madre aprecia afrentas, ellas ve solo personas con voces mágicas, distintas, que están también en el mundo.
En todo el relato se saborea la rigidez de la madre, añadido a la tristeza de las consecuencias de la Guerra. La niña guarda como un tesoro de la memoria el acento inglés de los soldados que andan por allí, como un descanso en el paraíso antes de volver a arriesgar sus vidas. Y la presencia frágil de Peggy, como un contraste total de todo lo que representa su madre.
Peggy la recuerda “demasiado a sí misma”, llorosa, algo desvalida, delicada.
A ella le fascina la ternura con la que esos soldados ingleses la tratan. Sin pensar lo que el marco de ir a una guerra significa. Simplemente eso hace que se separe más de su madre, y todos  los lectores lo entendemos.
Creo que es unos e los mejores relatos de toda la obra. Narrar de forma llana sentimientos tan complejos.





1 comentario:

  1. Muy exhaustivo y veraz todo el análisis. Gracias, Críticas.

    Tornasol

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