jueves, 8 de marzo de 2012

PALABRAS

Schérer tiene los ojos tristes. Su cara, surcada por arrugas, refleja serenidad. Cierro el periódico. La cola de sesenta números para renovar el carnet perdido da un paso corto. Abanicos en forma de libros, cocacola en mano. A mi es que la lait me sabe artificial, oigo tras mi hombro. Busco la página de nuevo.  Schérer, tan sencillo, los maestros verdaderos son así, siento, los maestros de verdad no dan premios a sus discípulos como si fueran un perro fiel, ay tan fiel y leal mi querido alumnito, tan perruno desde el otro lado del océano, mi trono. Palabra vibrante: Superviviente.

“Me defino así –dice el filósofo- con una punta de humor, y también en homenaje a mi amigo Derrida, que murió el año pasado y en una entrevista pocos meses antes de morir dijo: Sobrevivo. Esta palabra suele tener connotaciones peyorativas. Se dice que sobrevive un enfermo en el hospital en sus mínimas fuerzas vitales, pero Derrida le insuflaba un valor positivo, el de mantener valores contra las fuerzas reactivas que quieren arrojarlos al pasado histórico.”

 El señor funcionario resopla, sacude el toldo. Sólo funciona un ordenador. Lo siento señores, además, es hora de mi descanso. Vale, vale, es broma señores.

“En vez de ir a un concepto de la educación como reconstrucción de lo autoritario, hay que ir hacia el apasionamiento y la alegría.”

Mira mis levis nuevos, dice la chica de atrás. En la cola sólo expresión de desconcierto. Suspiros, bufadas, silencio. Oye y tú a quién votarías. No sé de política, entonces ¿Te gustan mis levis nuevos? Palabra forte: Alegría.
“Obediencia, rigor”.
Displicente, una maestra también tan desquiciante.

Somos raros, pienso. Humanos, me digo. No moralizar. Ni que estuvieras sentada a la derecha, me repito. Señorita ¿quiere mi hueco en la sombra?  La señora trota hacia atrás. Me ofrece sus gafas de sol. El herpes es mu malo. Porque es un herpes ¿verdad que sí? Como mi difunto Rodolfo, al pobre le salió uno en el bigote así de grande. El estrés señorita, primero la pupa, luego el paro al corazón. Le faltan tres dientes, pecas en los hombros, rastros preciosos. No gracias. ¿Quiere usted un poco de agua? No señorita, ya desayuné bien, gracias. De nada. De nada a usted. El ordenador sigue tonto grita el funcionario. Palabra pronta: Imposible.
“No creo que sea imposible resistirse a la disgregación social, a la sociedad de consumo, al expolio ecológico. Siempre hay que confiar en la libertad humana.”
Palabras de otro. Sagradas. Nos sobran tantos maestros disfrazados con su propio ego, siento. Tan solos en el fondo, inventándose personalidades cultas, tan literarios, al otro lado del océano, en su isla.

La cola avanza. No señor, no es una foto muy muy reciente. No querría que me hiciera una con este aspecto, le digo. El funcionario se aparta. Tose a un lado, carraspea. Menuda tiene liada en la mejilla señorita. Ponga el dedo señorita. Doce con diez señorita. De pronto, susurro inesperado. Si quiere le doy el nombre de una pomada, a mi nieta la pobre le salió en la espalda. Gracias señor, estoy mejor. Venga ostia ¿pa conversaciones pagamos impuestos? El funcionario vuelve a toser. Me levanto. Palabra andante: Esperanza. La sonrisa de Schérer. Se me olvida el agua al lado del ordenador. Si otro no la cogiera ¿Podrá dejar de toser? Tengo que contarlo antes de que se me olvide.

-De Isabel Simón, "Textos Rescatados".




No hay comentarios:

Publicar un comentario